jueves, 26 de febrero de 2015

Amor eterno


Deja caer las rosas y los días

una vez más, segura de mi huerto.

Aún hay rosas en él, y ellas, por cierto,

mejor perfuman cuando son tardías.

Al deshojarse en tus melancolías,

cuando parezca más desnudo y yerto,

ha de guardarte bajo su oro muerto

violetas más nobles y sombrías.

No temas al otoño, si ha venido.

Aunque caiga la flor, queda la rama.

La rama queda para hacer el nido.

Y como ahora al florecer se inflama,

leño seco, a tus plantas encendido,

ardientes rosas te echará en la llama.
Leopoldo Lugones 

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